Desde chico no he parado de ver fútbol todas las semanas, nunca me ha dejado de gustar, pero pasa algo especial, me he hecho fanático de distintos equipos de distintas ligas, no sé la razón, pero acá va la historia que creo me une con cada uno de ellos, sin prioridad en cuanto a preferencia.

Atlético de Madrid (España): Hugo Sánchez fue vendido de los Pumas de México al Atlético de Madrid, por primera vez vi por televisión un partido de la liga española, por ahí del año 1984 (Hugol llegó a España el 81). Quedé enganchado con el uniforme, con la garra del cuadro "pobre" de Madrid. Al cambiarse el astro azteca al Real Madrid, sentí una traición, nunca me gustó el Real, al contrario, mi afinidad con los colchoneros se incrementó y no paró de crecer. Más todavía al sufrir cada campaña con extremos en la tabla, cerca del descenso (el maldito descenso) o próximo a un título. Disfruto usando su camiseta (que me gané al mandar un mail a un programa español) y cuando visite Madrid juro que iré al Estadio Vicente Calderón, ojalá y sea pronto.

Manchester United (Inglaterra): Un jugador francés corría por el césped de Old Trafford, Eric Cantona, crack, personalidad ante todo, violento y talentoso, un tipo sin duda especial, capaz de ganar un partido él solo y de perderlo también, pero sin duda amigo del balón y líder de un equipo campeón. Mi afinidad fue total, con el juego, con la garra y con la calidad de cada uno de los jugadores que fueron apareciendo en los Diablos Rojos, ante eso, me volví un hincha más del Manchester United.

América (México): Uno no sabe cuándo asoció que la familia es la familia, es algo que desde que uno tiene uso de razón está, bueno, eso es lo que me pasa con las Águilas del América, desde que sé que me llamo Felipe sé que tengo el bendito placer de ser americanista. Nunca dejé, he dejado ni dejaré al cuadro que más quiero en el mundo, y con el que más he sufrido y disfrutado en mi vida. Nunca olvidaré lo que es ver salir a sus jugadores al césped del Estadio Azteca, las miles de banderas amarillas y azules agitándose. En mi mente están grabados los clásicos contra las Chivas, los títulos ante Cruz Azul y Pumas, el placer de ver a Batata, Outes, Brailowsky, Hermosillo, Zague, Edu, Tena, Ortega, Kalusha, Zamorano, Cuahutemoc y varios más con la camiseta que jamás ha dejado de emocionarme cada vez que la veo en un estadio.

Inter de Milán (Italia): mi admiración por el fútbol alemán en el mundial de México 86 se asoció al tipo de fútbol, frío pero con tintes de habilidad entregados por varios jugadores, entre ellos un joven llamado Lothar Matthaeus, el cual recaló en el Inter de Milán, escuadra que yo seguía por las noticias teniendo como especial imán las rayas negras y azules, así comencé a seguir más al club, encantado con el estadio y con el desarrollo del club, pero sobre todo por el sufrido camino que desde el último scudetto (88-89) ha vivido el club. Además el “romance” con la escuadra italiana terminó de sellarse cuando Iván Zamorano llegó a la institución y ganó la copa UEFA (97-98). Me agrada ser un futbolista hijo del rigor.

Colo Colo (Chile): Sin duda una historia emocionante y llena de sentimientos es la vivida con el club popular. Volví a Chile y mi papa quería que yo fuera hincha de la UC, hasta al entrenamiento me llevó, pero algo pasaba que no avanzaba la cosa, pero de verdad quería darle de alguna forma en el gusto, así que fuimos al clásico contra Católica contra el Colo en el Estadio Nacional. 2-0 ganaba la UC, acorta Pizarro mediante un penal. Minuto 90, tiro de esquina, Morón a cabecear, tole a tole en el área, gol, empate y emoción al máximo, no lo pude evitar, la camiseta alba ya era mi socia en el extraño país que era mi nueva patria a pesar de ser la oficial de nacimiento. Sin duda soy un hincha más del glorioso popular, pero mi admiración y agradecimiento se entrelaza más que con la pelota, con la bienvenida y la forma en que gracias al Colo logré ser un chileno más acá.