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La Coctelera

No será sólo una lectura

Lo hecho, lo desecho, lo posible y lo imposible

4 Enero 2006

Da más temor Pinky que Cerebro

Saben cuál es el mayor temor que me genera el pensar en un Gobierno de Piñera, el que la UDI esté en La Moneda, que sus personajes novelísticamente siniestros ocupen los pasillos de los ministerios y sean parte del manejo de un país.

O sea, porque está claro o creen que la UDI no pidió nada a cambio para ser parte del grupo de apoyo a uno de los personajes que más ha odiado el gremialismo, como es Piñera, al único tipo de Renovación Nacional con el cual se ensañaron y al que trataron de eliminar de cualquier forma y sin demostrar compasión, algo muy digno de acciones lideradas por el general Riggs.

Y si a eso le añadimos que las formas de actuar de Piñera están caracterizadas por un denominador común, el zig zageo y el avanzar a toda costa, cambiando discursos, mostrándose como más le conviene y sin dejar ver en forma clara qué mierda es lo que quiere. Afirmó que apoyaría a Lavín como candidato de la Alianza, admitió que el mismo Lavín le pidiera su renuncia a la presidencia RN y después el 14 de mayo de 2005, se sumó a la carrera rumbo a la presidencia, dando un golpe de knock out al abanderado UDI, lo que quedó demostrado en las urnas.

Otra cosa, antes alguien había visto a Piñera hablando del humanismo cristiano o tan ligado al tema religioso, en los Tedeum con suerte se aparecía, pero sin duda hay una pez gordo que quiere hacer suyo, la siempre tambaleante y poco confiable Democracia Cristiana (DC).

No digo que Bachelet sea la mejor opción y la más confiable, pero la Concertación por último ha demostrado saber como manejar sus diferencias y como llevar un país, con errores y aciertos, y por último el mejor Presidente que ha tenido Chile en muchos años salió de ahí, Ricardo Lagos.

Ojalá no me toque ser oposición en el próximo periodo, pero si me toca, lo haré de la mejor forma posible pensando siempre en el bien de Chile, que es al final de cuenta lo único que queremos y la nación por la cual nuestras posturas políticas y sociales son expresadas.

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5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Paz

Paz dijo

lamentablemente politicos como este, que cambian de opinion como quien cambia de calcenites (aunque varios no lo hagan seguido) son los que me convencen cada vez más que la politica no vale la pena y me conviene seguir sin inscribirme en los registros electorales... pero a su vez hay personajes como Lagos que me producen todo lo contrario... y asi me voy... me inscribo o no me inscribo?

5 Enero 2006 | 10:03 PM

Clem

Clem dijo

Los dos son de terror!!
PD: leete el report sobre Lavin, del domingo justo dps de la eleccion. y comenta plis!

8 Enero 2006 | 06:50 AM

Clem

Clem dijo

tengo el texto del que te hable pero no se si podre pegarlo todo aqui. como lo hago? la que pasa es solo para suscriptores.

9 Enero 2006 | 02:57 AM

Clem

Clem dijo

La bitácora desconocida de la derrota de Lavín
Convencido desde hace muchos meses de que su sueño presidencial estaba perdido, el candidato se mantuvo en carrera pese al abandono de su partido y a la soledad. Al final, ejerció el último derecho que le quedaba -escoger la forma de perder frente a Sebastián Piñera- y al cumplir su compromiso de apoyarlo empujó a una reticente UDI a lo mismo.

Hasta la noche del domingo pasado, todo el mundo político habría apostado que, si era derrotado, Joaquín Lavín haría un discurso meramente formal reconociendo el triunfo de Sebastián Piñera, y que sería la cúpula de la UDI la que negociaría con el abanderado RN la forma en que se plegarían a la campaña de segunda vuelta. También se especulaba que el apoyo gremialista sería tibio en la forma y completamente crítico en lo privado.

Sin embargo, después de experimentar la peor derrota política de su vida, esa misma noche Lavín no sólo se comprometió a trabajar "con entusiasmo" por Piñera. Lo más sorpresivo fue que logró plegar completamente a la UDI detrás del abanderado de RN. Ejerciendo un liderazgo en el partido que nunca demostró durante la campaña, en su discurso final envió una potente señal de unidad y llamó reiteradamente a la UDI a colaborar con Piñera. De paso, le dio un tirón de orejas a Pablo Longueira, quien figuraba junto a él. "Es hora de la unidad, que no haya vacaciones para nadie", dijo refiriéndose a su declaración de que se iría a descansar si Piñera pasaba a la segunda vuelta.

Pocos días antes de la elección Joaquín Lavín ya tenía tomada una decisión: él elegiría la forma de perder. Evaluando que ya nada tenía que arriesgar, que pagaría altos costos políticos por su segunda aventura presidencial, y que para su futuro sólo vislumbraba el autoexilio de la escena pública, no estaba entre sus planes negociar con la UDI su participación en la segunda vuelta. "Si Piñera se lo pedía, estaba dispuesto a trabajar con la misma intensidad con que lo hizo en su propia campaña", cuenta un asesor. En los días finales habría comentado a sus cercanos que él se había comprometido con Piñera a ser un soldado y que lo sería hasta el 15 de enero. "Si hay que recorrer Chile, lo recorreré; haré lo que él pida", habría dicho.

Tres días antes de la elección, Lavín aún no había conversado el tema con la UDI. Sin embargo, en la sede de Suecia 286 existía un clima de resistencia a plegarse incondicionalmente a la campaña de segunda vuelta. "¿Vamos a entregar a Lavín por bolitas de dulce?", preguntaba un miembro de la UDI, reconociendo que el abanderado era la figura clave para que el piñerismo capitalizara sus votos. También se especulaba que sería Jovino Novoa quien negociaría con Piñera el ingreso del partido a los preparativos para el balotaje. Y en una reunión el lunes 5, la directiva de la UDI tomó la decisión de que, ante un escenario de derrota, "exigiría" al presidenciable que retrasara cualquier gesto a la espera de los resultados parlamentarios, para que el gremialismo negociara desde la posición de principal partido del país.

Sin embargo, la tarde del domingo 11 Lavín redactó su discurso final en su casa del barrio San Carlos de Apoquindo. Sólo lo acompañaban Ernesto Silva, Cristián Larroulet, Carlos Alberto "Choclo" Délano y Patricio Cordero. Y desde allí llamó a Piñera, tras recibir los cómputos de las 20.30, para anunciarle que iría a saludarlo.

Previamente se dirigió al Hotel Intercontinental, donde se encontraba su comando y los líderes de la UDI. Allí se reunió privadamente con las máximas figuras del partido y conversó los términos de lo que diría pocos minutos después. Tras pedirle a Pablo Longueira que lo acompañara en sus palabras finales, apareció frente a las cámaras junto al flamante senador y a Jovino Novoa, dando inicio así a una rápida operación que hoy le permite a la Alianza mostrar una imagen de unidad.

La actitud de Lavín la noche de su fracaso parecía impensable a la luz de lo que había ocurrido en el último período de la campaña presidencial. La ceremonia de la derrota fue, para el liderazgo del ex candidato, menos amarga y sangrienta que los últimos siete meses, donde sólo experimentó el abandono político y la soledad.

La hora del abandono

La primera señal de la soledad de Lavín fue el desembarco de los parlamentarios de la UDI. Tomando distancia, o derechamente negándose a sacarse fotos con el candidato y a participar en la campaña, quien durante cinco años fue visto como el más probable sucesor de Lagos experimentó desde mayo pasado todos los síntomas que provoca la cercanía del fracaso. Mientras la candidatura iba de tumbo en tumbo -cayendo de un 40% a un 23% en 11 meses-, el comando de Bucarest quedó vacío. Desaparecieron asesores y políticos. La recolección de fondos se hizo cuesta arriba. Y apareció la crítica y el desmarque de algunos cercanos, como Francisco de la Maza y Pablo Longueira. Al final, fue el tiempo de la ansiedad del candidato y del temor a que la campaña se derrumbara estrepitosamente.

Como todas las derrotas políticas, la de Joaquín Lavín comenzó mucho antes del domingo. Sin embargo, ésta debe haber tenido un sabor especialmente amargo. Después de obtener el 48% de los votos en 1999 y de haber sido el líder indiscutido del sector, "es muy duro plantearse salir tercero en la elección siguiente", dice un cercano. Quien en el pasado fuera cortejado y adulado por la derecha, terminó rodeado de apenas un puñado de asesores.

El más difícil de los abandonos fue el de su propio partido. La UDI, consciente de las escasas posibilidades de triunfo de Lavín, no respaldó con fuerza la campaña presidencial.

El momento más dramático

Lavín cometió varios errores en su segunda carrera presidencial: no dimensionó los costos de asumir la alcaldía de Santiago, tuvo una excesiva figuración pública que terminó por politizarlo y el manejo del caso Spiniak dividió irremediablemente a la Alianza. A ello se sumó una equivocada administración de su relación con Sebastián Piñera. "El principal error de Lavín fue que creyó que estableciendo una estrecha relación personal con Sebastián, éste no entraría a la contienda, cuando en política nunca han pesado las relaciones personales", dice un asesor. Por ello, cuando aún era candidato único de la derecha, Lavín no presionó a Piñera para que definiera su interés presidencial y fueran a primarias. "Mientras antes le hubiera marcado la cancha y el momento de las primarias, menos posibilidades habría tenido Piñera de entrar a la carrera", sostiene un hombre cercano.

La travesía por el desierto de Lavín se inició el 14 de mayo, con el ingreso de Piñera al ruedo presidencial. Ese día, un golpeado candidato previó su derrota y así se lo dijo a su círculo más estrecho. Y desde ese momento "comenzó el desbande generalizado", afirma un asesor.

Sin embargo, el mismo día de la irrupción de Piñera se inició una operación política que, de haber tenido éxito, podría haberle permitido a Lavín ganarle al empresario. Siete diputados y dos senadores RN -entre los que figuraban Lily Pérez, Nicolás Monckeberg, Pablo Galilea, Alberto Cardemil, Alfonso Vargas y Baldo Prokurica- estaban dispuestos a abandonar RN y crear un nuevo referente político que respaldaría a Lavín. Tras una serie de negociaciones, el acuerdo se estancó por la situación de Lily Pérez: la entonces diputada quería ser candidata única de la Alianza por la senaduría de la Metropolitana Oriente, la misma donde Pablo Longueira había puesto sus ojos.

En la semana del 16 de mayo, según relata un estrecho asesor, "Lavín vivió el momento más dramático de su campaña, cuando constató que para la UDI la carrera presidencial no era prioritaria". En una comida en casa de Jovino Novoa, y ante toda la directiva del partido, el candidato se jugó a fondo para que aceptaran la propuesta de Pérez. Si lograba dividir a RN, no sólo le asestaría un duro golpe a Piñera; también él sería un presidenciable respaldado por dos facciones políticas.

Después de argumentar, Lavín presenció cómo los miembros de la directiva procedieron a votar en voz alta si aceptaban la propuesta. "El resultado fue demoledor: sólo obtuvo un voto a favor. El resto de los presentes se inclinó por preservar al partido, y llevar a Longueira por la Oriente", relata un asesor. Según algunos cercanos del candidato, en ese momento Lavín cometió una grave equivocación. Estiman que debió haber presionado, argumentando que si no respaldaban su carrera presidencial, renunciaba. "Les hubiera doblado la mano: para la UDI era intolerable que Piñera corriera solo".

Pero Lavín les planteó a los líderes de la UDI que, en esas circunstancias, lo más probable era que él perdiera la presidencial. Y que desde ese momento, la campaña dependía del trabajo de la UDI, ya que la carrera sería difícil y sin recursos. "Ustedes van a tener que jugársela en la calle por mí", les manifestó.

¿Y dónde está la infantería?

"Tú entiendes?", fue la frase que más se escuchó en el comando de septiembre en adelante, cuando los parlamentarios de la UDI se excusaron de hacer campaña por Lavín. Gonzalo Ibáñez, el candidato a diputado por Viña del Mar, se negó a fotografiarse con el abanderado y a grabar frases de radio en su apoyo. Marcelo Forni, jefe de la bancada de diputados y postulante por Los Andes, encabezó la lista de los menos colaboradores, recibiendo incluso una dura recriminación -a través de un tercero- de parte de Carlos Alberto Délano. La diputada por La Reina María Angélica Cristi y Rosa González, de Arica, también fueron reacias a cooperar, mientras que Edmundo Eluchans, candidato por San Antonio, asistió a la inauguración de un comando independiente de la zona en apoyo de Sebastián Piñera.

"El inicio de la contienda parlamentaria fue el momento en que se hizo patente de la forma más brutal el abandono. Los mismos candidatos que el 2001 eran capaces de matar por fotografiarse con Lavín y dar codazos para aparecer a su lado, tomaron distancia", dice un hombre del comando.

El diseño de campaña estableció que la mayor fortaleza frente a RN iba a ser la llamada "infantería" de la UDI, con sus diputados y alcaldes. Pero ésta nunca operó con eficiencia. Muchos candidatos no colgaron los letreros de Lavín que les entregaba el comando, mientras que la gran mayoría no los repuso en el trecho final. Incluso, los despachos a regiones que realizaba la UDI con material gráfico donde aparecía Lavín junto a los candidatos regionales, comenzaron a acumularse en las bodegas locales de la empresa transportista, ya que los candidatos no los iban a retirar.

El análisis de los postulantes al Congreso era simple: aquellos que tenían posibilidad de obtener una alta votación constataron que sus electores estaban divididos entre Lavín y Piñera, por lo que se marginaron de la presidencial. "Nos equivocamos; debimos haber pagado a los candidatos por cada letrero de Lavín colgado y defendido. Ellos destinaron toda la artillería para sí mismos", dicen en el comando.

A finales de octubre, el lavinismo se vio obligado a crear una fuerza paralela. En las tres o cuatro regiones más críticas, donde el triunfo era más difícil y los candidatos cooperaban menos, establecieron hombres de su confianza a cargo de desplegar un trabajo en terreno independiente al de la UDI.

La relación con la directiva de la UDI también sufrió cambios a medida que el presidenciable perdió poder. Los contactos entre el lavinismo y el partido se hicieron más difíciles, quedando circunscritos sólo a un pequeño grupo de personas, entre las que figuraban Juan Antonio Coloma y Andrés Chadwick, quien como candidato a senador por la Sexta Región fue uno de los que más se jugaron por Lavín.

En la calle Bucarest

Es probable que los hombres de Lavín hayan recordado muchas veces en los últimos meses una frase que el ex candidato acostumbra a repetir: "Siempre todo puede estar peor".

Paulatinamente el comando de la calle Bucarest comenzó a quedarse vacío. En los días en que el abanderado estaba de gira, sólo se encontraban allí Cristián Larroulet, Gonzalo Cordero y Cristina Bitar, aparte del personal contratado. Nunca más, como en la campaña del 99, circularon los parlamentarios, alcaldes y políticos de la Alianza que solían pasar diariamente y dar declaraciones desde la sala de prensa del comando, esta vez vacía.

Tampoco estaban los gerentes y creativos que el '99 bullían desplegando proyectos e iniciativas. Los empresarios, por su parte, tempranamente evaluaron que, con Piñera y Lavín en carrera, Bachelet era la más probable triunfadora, tendiendo puentes hacia la candidata de la Concertación. Sus recursos los concentraron en las parlamentarias para lograr una derecha poderosa en el Congreso. "Costaba mucho que los financistas respondieran los llamados y hubo varias iniciativas electorales que no se concretaron por falta de fondos", dice un cercano.

En los meses finales fueron los tres asesores y amigos -Ernesto Silva, Cristián Larroulet y el "Choclo" Délano- los que tomaron un papel cada vez más importante. Silva, el principal consejero de Lavín, asumió la recaudación de fondos y diariamente se comunicaba varias veces con el candidato. Larroulet abandonó el Instituto Libertad y Desarrollo, del cual es director, para instalarse todas las mañanas en el comando. "Si el 99 él estuvo a cargo de los temas de contenido, ahora la necesidad y la falta de gente lo llevaron a tareas ejecutivas", cuenta un cercano. El "Choclo" Délano continuó como el principal creativo, pese a su histórica amistad personal con Piñera.

Del resto de los hombres de Lavín sólo unos pocos más permanecieron en la primera línea de fuego. Al convertirse en un poder político, Lavín había estructurado a sus equipos en sucesivos círculos concéntricos de confianza. En el más cercano estaban los tres amigos históricos; en el segundo, Gonzalo Cordero, Patricio Cordero y algunos otros. El tercero era ocupado por políticos relevantes de la UDI como Pablo Longueira, Juan Antonio Coloma y en su momento Andrés Allamand. De allí en adelante continuaba un sinnúmero de anillos con asesores, políticos y profesionales que cumplían diferentes roles. Acostumbrado a operar con estancos separados, Lavín siempre mantuvo a cada uno en el círculo que le correspondía, lo que produjo innumerables luchas de poder por intentar pasar a uno más cercano. "Sin embargo, durante la campaña, sólo los dos primeros anillos quedaron incólumes. Todos los demás comenzaron a desmoronarse", dice un cercano.

"Métanles susto"

El hombre que por más de diez años trabajó para llegar a la presidencia enfrentó la soledad desplegando uno de sus principales rasgos de carácter: la impenetrabilidad. Frío, pragmático y con un muro que separa su vida política de los sentimientos, no tocó el tema, aparte de con sus tres asesores más cercanos.

En el comando nunca analizó sus escuálidas posibilidades electorales ni se refirió al abandono que experimentaba. Al ver que los parlamentarios tomaban distancia, "se encogía de hombros, sin decir nada", señala un cercano. Tampoco acusó recibo de la caída de los llamados del establishment. Se dedicó a trabajar, como si la presidencia estuviera a la vuelta de la esquina.

Sin embargo, pequeños signos exteriores revelaron la ansiedad. Más impaciente y de peor genio, cuando Piñera entró al ruedo se mostró extremadamente preocupado por contar con recursos y por comprometer a la UDI. "Lavín sabía que el partido estaba muy confiado en su capacidad de derrotar a Sebastián", dice un cercano. Incluso, en más de una ocasión comisionó a sus hombres para hablar en la UDI y advertirles del peligro que corrían. "Métanles susto", les decía.

El otro signo fue que se exasperó cada vez más en Santiago, respirando aliviado cuando partía de gira. Si ya en los buenos tiempos sus asesores sabían que le gustaba el contacto con la gente, ahora necesitaba "varias dosis de multitudes al día", cuenta un testigo. Mientras sus más cercanos lo percibían "bajoneado", en el último tiempo los ansiolíticos lo ayudaron a soportar la presión de la campaña.

Pese a que racionalmente Lavín siempre tuvo claro que sus opciones de perder eran muy altas, según algunos de sus hombres cercanos, "en los hechos a Joaquín le costó mucho tiempo aceptar que tenía que olvidarse de la presidencia y que debía concentrarse en derrotar a Piñera, para llegar en un cómodo segundo lugar y no perder su capital político". La estrategia, diseñada por Francisco de la Maza, contemplaba apuntar al 30% de los votos, dejando a Piñera con un 15%. Pero para ello el candidato tenía que endurecer su discurso, apuntando al voto duro de derecha. Pese a que todos coincidieron en el análisis, sólo a finales de septiembre Lavín asumió cabalmente esa realidad, tomando las banderas del combate a la delincuencia y los temas valóricos. "Probablemente si Lavín hubiera hecho antes el cambio de switch, habría sido mejor", dice un cercano.

Las posibles bajadas

A fines de julio, los principales líderes de la UDI y Joaquín Lavín, junto a su círculo de hierro, se reunieron a comer en la casa de Cristina Bitar. En esa ocasión, Ernesto Silva volvió a plantearles lo que ya había señalado varias veces desde la irrupción de Piñera: Lavín debía deponer su candidatura y negociar su "bajada" para así salvar su capital político.

-¿Es realmente esta candidatura tan importante para la UDI? ¿Es verdaderamente necesario que Joaquín siga cuando la UDI no está involucrada cien por ciento? Si Lavín se baja, Piñera va a negociar con ustedes, y para el partido no significa un alto costo -les dijo Silva a Novoa y Longueira.

Silva desplegó esa misma argumentación en varias ocasiones ante los líderes gremialistas. Entre julio y los primeros días de septiembre el tema se discutió largamente en el círculo de hierro del lavinismo. La campaña iba cuesta abajo y Silva -junto a Délano- veía que aún existía una posibilidad: si Lavín dejaba a Piñera solo en la contienda presidencial, podía postularse como senador por la Metropolitana Oriente, encabezando la campaña parlamentaria de la UDI.

El gremialismo se opuso cada vez que se planteó el tema, señalando que lo que estaba en juego era el proyecto a largo plazo de la UDI, para lo cual se requería del presidenciable: no se le podía entregar en bandeja a Piñera el liderazgo del sector y había que fortalecer los resultados parlamentarios. "En un momento, en el comando tuvimos la sensación de que la candidatura de Lavín era casi una excusa para que la UDI no tuviera que plegarse y votar por Piñera", cuenta un asesor.

Entrampado en una carrera presidencial que sabía que iba al fracaso y conciente del abandono de la UDI, cada vez que se discutió el tema de deponer la candidatura, Lavín tomó la misma decisión que la UDI: continuar hasta el final.

Quienes conocen al ex candidato dicen que hay tres elementos clave en su estructura política: su noción de poder, la ambición y el "sentido de misión". Este último elemento habría sido el que más pesó en su decisión de seguir. "Lavín sentía que él era el único que podía enfrentar a Piñera, por lo que su deber era continuar, aunque en ello gastara todo su capital político", dice un asesor. "Además, él argumentaba que si podía colaborar para un buen resultado parlamentario de la UDI, todos los esfuerzos habrían valido la pena, porque entonces no se podría decir que el crecimiento del sector había sido un fenómeno transitorio", agrega.

Después de que el 11 de septiembre se cerraron las inscripciones senatoriales, murió la posibilidad de canjear la carrera presidencial por una senaduría. Pero en algunos sectores del lavinismo continuó rondando casi hasta el final el fantasma de la renuncia. Aunque ello no se volvió a conversar con los líderes de la UDI, en varias ocasiones se evaluó informalmente la posibilidad de que Lavín se "bajara". "Era el pánico de que la candidatura se 'desfondara' y Lavín terminara marcando 12 ó 14 puntos frente a un Piñera con 30 puntos, lo que hubiera sido dramático", dice un asesor. El momento más tenso para quienes temían ese escenario fue la semana siguiente a la entrega de resultados de la encuesta CEP del 15 de noviembre, donde Piñera figuró por primera vez un punto arriba de Lavín. "Sólo respiramos aliviados cuando el fin de semana siguiente nuestros sondeos revelaron que Lavín no se había desplomado y las cifras se mantenían estables", cuenta un lavinista.

Pocos días antes del domingo 11 de diciembre, el candidato les comentó a sus cercanos que la campaña había sido "amarguísima". Pero que, aunque iba a ser derrotado, "había logrado pelear hasta final, aun en las condiciones más adversas". Y que sería él, como ya no tenía nada que arriesgar, quien escogería la forma de perder frente a Sebastián Piñera.

>> El desmarque de Longueira y De la Maza

En el comando de Bucarest “hay un poco de desilusión” respecto del rol que jugó Pablo Longueira en la presidencial. Pese a haber sido durante años el líder de la UDI más cercano a Lavín, en las semanas finales la falta de apoyo en Santiago Oriente fue notoria. Mientras en Santiago Poniente la candidatura de Jovino Novoa colaboraba eficientemente –el propio Novoa dio la orden que ningún candidato a diputado podía desmarcarse de la presidencial–, la situación en la Oriente gatilló una reunión entre el comando presidencial y Longueira para pedirle más ayuda. “Aunque Longueira reaccionó extraordinariamente bien, son cosas que no deberían tener que pedirse”, dice un miembro del comando.

Cuando a inicios de 2005 Pablo Longueira declaró públicamente que estaba disponible para ser candidato presidencial en 2009, todo el lavinismo entendió que sus declaraciones eran una forma de ganar estatura frente a su contendora Lily Pérez. Sin embargo, según relata un asesor, a Lavín le dolió en lo humano la frase del actual senador. “Indirectamente desahuciaba las opciones de Lavín en carrera”, agrega.

“Una de las principales diferencias de esta campaña con la de 1999 fue que en ese entonces la crítica era penalizada. Ahora fluyó sin problemas, como fue en el caso de Francisco de la Maza”, sostiene un cercano. En agosto pasado, quien fuera uno de los hombres más vitales en el ascenso de Lavín a las grandes ligas políticas, dijo públicamente que de seguir Piñera y Lavín en carrera, “no tenemos ninguna posibilidad de llegar al gobierno, ninguna, cero”. Más que las palabras –compartidas en privado–, lo que produjo un terremoto interno fue que la artillería había sido disparada desde el círculo más estrecho del candidato. “¡Estoy hasta aquí de opinólogos políticos! Hablen poco y trabajen mucho”, respondió Lavín.

Durante los duros meses de 2005, De la Maza entró y salió intermitentemente de la campaña: “Francisco nunca se involucró emocionalmente en la contienda”, dice un lavinista. Con un rol difícil de explicar, entre los cercanos se afirma que “es temperamental”, que “no quiso participar en una campaña cuesta abajo después de haber dirigido la gloriosa del ‘99” y que “le pesa que Lavín ya no lo escucha como antes”. Un estrecho asesor del ex candidato sostiene, sin embargo, que las declaraciones de De la Maza, pese a haber sido “salvajes”, no le dolieron tanto al abanderado. “Desde hace largo tiempo ya no era un incondicional”, agrega

9 Enero 2006 | 03:03 AM

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